martes, junio 27, 2006

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lunes, junio 26, 2006

Máquina de coser casualidades

"Bello como el fortuito encuentro, en una mesa de disección, de una máquina de coser y un paraguas". Lautréamont.

Empezando por que no creo en lo fortuito, y a veces es una putada, porque te empeñas en intentar saber qué significan cosas tan raras, como que un amigo de la infancia aparezca por azar en Brasil en casa del hijo de la mujer de tu padre.

Empezando por eso, y dejándolo ahí, tal vez las personas tengamos mucho de ese engranaje. ¿Es el mundo una enorme mesa de disección? ¿soy el paraguas? ¿una muñequita de porcelana abriéndose paso a base de impulsos? ¿la máquina de coser casualidades?. Me gusta el surrealismo porque conecta con lo que no somos capaces de ver. Y es que tengo fe en Cortázar, en su búsqueda, a veces excesiva, de un orden secreto de las cosas. La realidad una miscelánea tan incomprensible, tan ajena, como intentar entender el ojo del calidoscopio a través de los dictados de la razón. Detrás de lo cotidiano un misterio. No se me ocurre nada más parecido a la muerte de un escritor, que aceptar al monstruo gris de lo inamovible.

Comparto las obsesiones sin salida de tantos. La furia por la palabra exacta de Octavio Paz, o Alejandra Pizarnik. Tan parecida a la carcoma, al diálogo con el silencio, y la frustración aceptada de antemano. Quisiera tener el don para desmadejar lo invisible de Clarice Lispector. O la disección descarnada y terrible de Onetti, con la sangre entre las uñas, con el pánico haciendo cabriolas a su merced. La sencillez grandiosa de Gil de Biedma, la sensibilidad de Cernuda, la lucidez manchada de Vallejo.

Escribir da miedo, bucear es un pacto sin seguro a todo riesgo.

sábado, junio 24, 2006

Nunca salgas de casa con un vestido amarillo

El bar de Tamara, sí, la de la tele, la mujer indefinida, estrafalaria, abstracta, siliconada, y paranormal. Celebración final de exámenes. Euforia en su máximo grado de expansión, y todos esos éxitos casposos de los 90, al más puro estilo cuarenta principales sonando a todo volumen. Atmósfera gay, y una locura generalizada a ritmo de movimiento de caderas y gritos guturales de fieeeestaaaaa. Inevitable foto con Tamara y su sonrisa de difícil definición. Momento clave de la noche, elección del rey y la reina del glamour. La pobre heroína del cuento (yo), bailando distraída, sin poder tan siquiera prever lo que estaba a punto de ocurrir. El tipo del micrófono grita: ¡que suba al escenario la candidata a reina, Clara no sé qué!. Evidentemente no era yo, que jamás en la vida se me hubiera ocurrido apuntarme a semejante sarao, y mucho menos sin copas encima. Pero una orda enfurecida (mis amigos, ¿o debería decir la panda de cabrones que hasta esa noche eran mis amigos?), empieza a dislocarse los huesos a golpe de es ellaaaa, es ellaaaa, es ellaaaaaaaaaaa, en una especie de ola masiva y cuanto menos inquietante. Ella, la pobre heroína, los mira desorientada, intentando musitar entre dientes con un hilito de voz, que no, que no por dios, que no es ella, que es un lamentable error, que no por favor. Demasiado tarde. Dos locas le han empujado en un tiro perfecto al blanco, y se ve, de pronto, encima del escenario con un micrófono amenazante delante de los labios, y una cámara de video intentado sacar hasta el color de sus encias. Terror. ¿Por qué quieres ser reina?. ¿Eeeeh reina? (sus ojos como de cervatillo con un pie en el matadero). ¿De qué facultad eres? filología hispánica. La orda se enloquece, grita, aclama, en un ritual al más puro estilo hombre de las cavernas ante un mamut herido. ¿Ligas mucho? no,no. SÍ SÍ SÍ SÍ SÍ EH EH EH EH, corean todos, felices, extasiados en ese abrazo de camaradería. ¡Aaaaah así que esta chica folla sin parar! dice el simpático del micrófono. SÍ SÍ SÍ EH EH EH, los gritos han llegado a su máximo esplendor. Y la pobre heroína, se baja del escenario como puede, pensando si no habrá sido todo un espejismo postexámenes, una burla del destino, un chiste malo para caperucitas en estado de nocturnidad. Pero al final, llega a la conclusión, de que la culpa de todo la tiene ese maldito vestido amarillo limón.

Podría seguir contando las mil y una andanzas que le ocurrieron a ese vestido en una noche. Pero me temo, que heriría alguna sensibilidad.

viernes, junio 23, 2006

"Con la poesía sucede lo mismo que con las mujeres: llega un momento en que la única actitud respetuosa consiste en levantarles la pollera"

Oliveiro Girondo.


Pd: Pollera= falda

viernes, junio 16, 2006

"Amor, curiosidad, prozac y dudas"

Ayer tuve que leerme ese libro casi sin respirar. Lo necesito para la clase de cine, porque tenía que comparar una novela con su adaptación cinematográfica, y como ya había visto el bodrio de película, pues que por lo menos esas dos horas de mala elección en el videoclub sirvieran para algo. He oído toda clase de barbaridades a cerca de Lucía Etxebarría, incluso una vez vino a darnos una conferencia a la facultad. Me hizo mucha gracia, es una especie de feminista loca (como yo), que ponía a parir el mundo editorial con un desparpajo bastante carismático. Lo malo, es que ella al final se retrataba como la blanca paloma, como si ella nunca nunca se hubiera tenido que vender, nunca nunca hubiera tenido un negro porque es su propia correctora de estilo, blablabla. Y eso, perdona bonita, no se lo cree nadie.

Partiendo de la base de que la literatura actual no me gusta, confieso que no leo casi nada, no tenía muchas esperanzas puestas en ella. Pero vamos, que no me parece peor que Reverte, Muñoz Molina, Gala, Rosa Montero,Almudena Grandes, o ninguno de los que haya leído. En definitiva, casi todo lo que se hace ahora, me parece de una calidad literaria bastante mediocre. Sin embargo, no deja de tener su punto. Es la historia de tres hermanas tópicas, la ejecutiva amargada, la maruja amargada, y la modernita amargada. Pero detrás del tópico, hay un retrato bastante coherente de la sociedad. La evasión masiva, no me importa a través de qué, llámalo coca, un piso más grande, unos visillos más limpios, Gran hermano, o el bingo. La cuestión, es que la mitad de nosotros, corremos acelerados tratando de escapar. Y es una putada, porque al final de callejón, siempre nos damos de bruces con lo mismo, otra vez nosotros.

El lenguaje intenta ser un reflejo de cada uno de los personajes, y bueno, no es un derroche de literatura en estado puro, pero me he reconocido en muchas de las conversaciones. Y la identificación, nenes, es uno de los básicos de la postmodernidad. En definitiva es muy 90, muy techno, muy yonky, muy hacia fuera, y muy hueco. Nada original, ni con una ironía como para tirar cohetes, pero entretenido y con la justa mala leche como para decir, mierda, ¿cuántas veces he sido una de ellas?. Me pregunto, por qué se empeñarán tanto en querer que se la coman los leones, si no es para tanto. Más de lo mismo, como mucho. Una "niña mala" que habla de sexo y de drogas, y vende como rosquillas. Y no nos engañemos, la mala publicidad, en parte le beneficia. Puro marketing. Pero no me deja de sorprender que se hagan tanta mala sangre. ¿Tan provincianos seguimos siendo los españoles como para que eso nos parezca un escándalo?. ¿Tendrá que ver que sea una mujer, que hable sin pelos en la lengua, que se la considere promiscua, y que haya alcanzado el éxito muy joven?. Yo creo que sí, tanto para vender, como para que la crítica "dinosauria" nunca le dé sus laureles.

miércoles, junio 14, 2006

Laberinto

¿Por qué hacemos que todo sea tan jodidamente complicado?

Vivimos dentro del laberinto, siempre con un Teseo-búsqueda prendido a los talones. C podría ser un Teseo cualquiera, con esa manía que tiene de atarme el hilo a las muñecas, y yo haciéndome la sorda con una voluntad de hierro. No te oigo-no te oigo-no te oigoooo-quisiera decirle, pero nunca me atrevo. Quizá tampoco sería justo. Pero el peor Teseo, el que más incordia, y no nos deja vivir en la ignorancia feliz, es el que guardamos celosamente en el pecho.

Soy Teseo, Ariadna, el Minotauro, y el maldito laberinto.

El peor papel, es el de ella, porque cuando se acaba el hilo, zarpa el barco, y nos damos cuenta de que seguimos en tierra. Irremediablemente en tierra. Pero sin teseos del desconcierto, sin agujitas clavándonos preguntas en las yemas, nos faltarían motivos para seguir despiertos. La vigilia, aún con todo, es el mejor de los amuletos.

domingo, junio 11, 2006

Tuvo que venir la virgen del Rocío a por ti

Polvo somos, y polvo seremos, y todo eso de que la muerte es un misterio insondable que dijeron los curas. Así que te miré desde muy cerca para saber si era verdad, desde el ritual extraño de la caja de madera. Te miré, pero no era ese tu color, ni tampoco la inmovilidad del final te pertenecía. Habías empezado un viaje, y estábamos allí acompañándote, con todo ese ruido, con la letanía de la tía Isabel, con las piernas y el cuerpo en un globo asfixiante, con el llanto repasando nuestras cuentas pendientes. Porque, como dice papá, nos quedamos más solos. Te fuiste con la misma serenidad que habías acumulado el tiempo en los bolsillos. Mi última imagen será esa silla en el campo. Tu forma de reirte de mi poco arte con la tecnología, cuando ya no te quedaba nada por decir. Ahí me di cuenta de que estabas manteniendo un diálogo con la muerte, cara a cara, haciendo quién sabe qué clase de inventario. Porque marcharse no debe ser fácil, y sin embargo, nunca dijiste que estabas asustado. Te fuiste sin hacer ruido, sin decirnos que es injusto que tenga que doler. Y yo me quedé aquí, un poquito más cobarde. Hubiera querido decirte que mis poemas eran la última ancla que se me ocurría. Que te agradezco esa forma de creer en mí, de decirme que desarrolle las ideas. Que mi infancia será siempre la playa, los palos de crema, y los amargos que comprabas para mí en Mercadal. El Rafal, el gamo Eunice, ¿te acuerdas?, esa manía de enseñarme todas esas reliquias de santos que daban miedo. De ti he aprendido a no juzgar, o por lo menos lo intento. He aprendido que las creencias son un camino consciente, con toda la carne en el asador. Que lo de que la fe mueve montañas no era un cuento chino, y se muere de acuerdo a como se ha vivido.

Me has dado una lección de fe, nunca había sentido algo tan nítido, y eso que sabes bien que yo y los curas nunca nos vamos a entender. Me has enseñado el respeto, y a intentar dejar los prejuicios en casa al salir.

No creo en las casualidades, y es que, tuvo que venir la virgen del Rocío a por ti.